Toda protección era poca si Marlon decidía atizar unos cuantos paparazzis antes de cenar.

Hace poco he conseguido ver dos cintas de Marlon Brando.Una es algo conocida y hasta creo que la emitieron en el programa de Garci.La otra en el 98% de los casos no aparece a la hora de hacer repaso a la filmografía de Brando.Y las dos fueron puestas a caldo por la estrella.

 

La última película de Charles Chaplin, nada menos.Y su mayor fiasco crítico-taquillero.Contaba Marlon Brando en su autobiografía que no estaba convencido de ser bueno en comedia, pero que convencido por Chaplin (al que consideraba el mayor talento que dió el cine) aceptó hacer la película.Pronto se arrepintió.Durante todo el rodaje se llevó a matar con Chaplin (y según las malas lenguas con la Loren), principalmente por lo mal que trataba a la gente y sobre todo a su hijo Sydney (el colega de Brando en la película), al que humillaba delante de todo el equipo.Tras una bronca de Chaplin de 15 minutos de duración amenazó con abandonar el rodaje.Charlie se disculpó.Brando definió la cinta como "uno de los mayores desastres de mi carrera" y así continuó su cuesta abajo en los años 60.Desastrosa del todo no es.Quizás si se hubiera rodado a finales de los años 30 que es cuando Chaplin había escrito el guión hubiera sido un éxito.Cosas positivas:Sydney Chaplin es una buena comparsa cómica y en algún momento me recuerda a su padre en algunos gestos; la Loren está radiante en su plenitud como belleza y el cameo de Chaplin como camarero es entrañable.Lo malo es que apenas hay gags y cuando los hay son descafeinados a más no poder y se basan en la palabrería.Y bastante teatralizados.Medio-triste despedida para uno de los grandes del cine.

 

 

En la segunda película tenemos a dos astros que en su momento le dieron un sonoro corte de mangas a la Academia de Hollywood, uno yendo a ver un partido de Hockey y otro mandando a la gala a una india que no era india (o eso dicen).La cinta la dirige John G. Avildsen, que sí fue a la gala cuando ganó por el primer Rocky.Aunque el Oscar no le sirvió de mucho a la hora de controlar el montaje final de La Fórmula, que acabó en poder del productor y guionista Steve Shagan.Esta historia de gasolina sintética, malvados dirigentes de corporaciones petrolíferas y nazis bien pedía algo más de ritmo y energía a su por lo general tedioso y confuso metraje, pero al igual de La Condesa... tiene sus virtudes, entre ellas un prólogo ambientado en la Alemania nazi, una escena en una sala de variedades donde las bailarinas danzan con una proyección al fondo de tropas alemanas y discursos de Hitler y las dos escenas compartidas entre Brando y Scott que son dignas de ver.Señalar que Brando utilizaría por vez primera el famoso audífono mediante el cual un asistente le leía las frases del guión (el audífono se ve en la cinta y se justifica su uso), que cobró 3 millones de dólares por solo tres escenas y que en su autobiografía definió la cinta como "una porquería".Tal cual.