Mucho cine clásico de los años 20 y principios de los 30 que tengo por casa y que ando revisando o descubriendo.Como el de la más afamada versión de la historia escrita por Robert L. Stevenson (según cuenta la leyenda en una noche de insomnio y polvitos blancos) dirigida por Rouben Mamoulian en 1931 y que triunfó por todo lo alto en su época, hasta el punto de que su protagonista Fredric March consiguió un Oscar por su interpretación.La historia de la película es sobradamente conocida, por lo que no la detallaré.

Algo que siempre he dicho es que el ordenador está matando la ilusión de ver cine.Bien está que se emplee, pero no de forma abusiva y/o cutre como podemos comprobar en montones de cintas de entretenimiento salidas de los grandes estudios de Hollywood.El cine de ésa época siempre tendrá una ventaja respecto al actual, y sirva esta cinta de ejemplo:Hoy en día, cualquier manazas tras la cámara rodaría la transformación de Jekyll en Hyde prescindiendo del maquillaje tradicional y utilizando las frías infografías de, por ejemplo, Industrial Light & Magic.O el informático es un hacha y logra crear buenos e imperceptibles efectos visuales o (lo más probable) estos acaban arruinando nuestro sense of wonder.En aquellos tiempos sólo contaban con dos cosas:artesanía y un buen equipo de maquilladores que iban perfeccionando su arte película a película hasta llegar al súmmun.Y esto fue lo que lograron los maquilladores de Paramount con el rostro de Fredric March, con una transformación espectacular que nada tiene que envidiar a logros posteriores de gentes como Rick Baker, Stan Winston o Greg Cannom.

Dos aspectos hay que destacar de la película:Primero, la asombrosa (que dirían Garci y sus mariachis) utilización del punto de vista subjetivo del personaje de Jekyll que hace Mamoulian con las técnicas de la época.Probablemente costase mucho tiempo y dinero conseguir los efectos deseados.El resultado merece la pena y seguro que los espectadores de aquel entonces quedaron muy impresionados, sobre todo en los minutos iniciales desde que Jekyll interpreta una pieza de Bach en el órgano de su casa hasta su llegada a la facultad para pronunciar su teoría.El otro es lo atrevida que es la cinta con la cuestión del sexo, con el personaje de Miriam Hopkins descrito sin tapujos como una prostituta y con la escenita del engaño de Jekyll a su prometida con la meretriz (véase esas medias y el plano con ella desnuda únicamente tapada con las sábanas).El ultraconservador y cutrongo Código Hays estaba a punto de aparecer y éste fue de los títulos que se salvaron por los pelos de las iras de los censores de la época.

Y para acabar, servidor les recomienda encarecidamente la película, destacando por igual la fotografía de Karl Struss (otro fichaje importado de Alemania a Hollywood), la convincente recreación en estudio del Londres victoriano con su niebla, sus farolas y sus carruajes y la fantástica interpretación de March.En España se editó con extras como un audiocomentario y un famoso corto de Bugs Bunny en el que se enfrentaba a la criatura.Y con la versión protagonizada por Spencer Tracy e Ingrid Bergman de propina.