Volvemos a ocuparnos de la gran estrella de cine mudo.En esta ocasión, toca comentar su tercera y última película en Europa, en pleno "destierro" de Hollywood.Aunque sea la más flojita de la trilogía europea (las otras dos son las grandiosas La Caja de Pandora y Tres Páginas de un Diario), no por ello carece de elementos de interés, siendo uno de ellos la presencia de Miss Brooks, claro está.Su benefactor en tierras europeas George Wilhelm Pabst volvió a ofrecer a la actriz una historia hecha a su medida, en este caso la de una tipista francesa que decide presentar sus fotos al certamen de Miss Francia resultando ganadora y poco después presentándose a Miss Europa en un certamen que se celebrará ni más ni menos que en San Sebastián.La Concha de Oro no se la llevará pero sí el codiciado título de Miss Europa, cosa que no causará ni pizca de gracia a su celosón novio, que en cuanto la encuentra le pide que vuelva a su lado en Francia.La Brooks después de dudar, acepta volver con el pobre diablo para recibir poco tiempo después una oferta para currar en el cine y ser una estrella del celuloide.A partir de ahí comienza la tragedia.

Aparte de Pabst, otro célebre realizador que metió mano al guión fue René Clair, al que se le ofreció la dirección de la cinta para rechazarla, siendole ofrecida la silla de director al italiano Augusto Genina.Éste contaría años más tarde en sus memorias que la afición por la botella de Brooks puso las cosas difíciles en el set de rodaje, siendo necesario llevarla a rastro al plató para rodar a sus escenas.Añadió, además, que de no ser por esos problemas se habría convertido en la actriz definitiva.La cinta en un principio se concibió como muda, pero con el auge del sonoro en Francia se decidió llevarla a unos estudios de doblaje para grabar diálogos.Decisión desacertada, porque el doblaje es chapucero y los diálogos en francés no encajan en absoluto con los interpretes.Es mucho más adecuado verla con subtítulos y el audio en mute.

Otra de las pegas que se le puede poner es que la historia es predecible al 100 por 100.Pero no se preocupen, que les cuento las cosas buenas:la Brooks demostró una vez más que es una de las actrices más hipnóticas que el cine haya dado y merece la pena ver la hora y media que dura la película sólo por ella.La labor de Genina tras la cámara es correcta y alcanza su plenitud con el comienzo en la playa francesa donde en clave documental vemos estampas cotidianas de una ciudad playera cualquiera y donde la Brooks se mueve como pez en el agua tonteando con otros hombres para disgusto de su novio (George Chalia, adecuado y con un rostro impresionista que le va perfecto a su papel).Todo esto con un montaje de imágenes más acelerado de lo habitual y una cámara inquieta.El director de fotografía es otro nombre conocido:Rudolph Maté, que vuelve a hacer un gran trabajo.

Pero el motivo por el que se recordará Prix de Beauté es por su final, que destripo a continuación:La Brooks está en la oscuridad de la sala de cine viendo sus primeras pruebas de cámara.Hasta el cine la ha seguido su novio paranoico y celoso perdido con un revólver.Consigue colarse en la sala.Ahí ve a Brooks contemplando fascinada su propia imagen en la pantalla al lado de un rico pretendiente.El novio aprieta el gatillo.Brooks es herida de muerte y no tarda en expirar ante la mirada desesperada del pretendiente.La película sigue proyéctandose en el cine, quedando la desdicahda inmortalizada para siempre en la pantalla.

Lo mismo le pasó a Louise Brooks en la vida real."Muriendo" metafóricamente, claro.

El final nada más comenzar el video.Si tienen curiosidad por saber cómo envejeció Brooks pueden seguir viéndolo.