Palabra de Brando

Nota: Texto supervisado, corregido y ampliado aquí.
Cuando en 1994 se anunció la publicación de las memorias de un personaje famoso por no conceder apenas entrevistas y que despreciaba abiertamente a la prensa como era Marlon Brando los cotillas, periodistas del cuore más basureros y otras aves de rapiña empezaron a frotarse las manos pensando en los escándalos que contaría de su vida privada, sobre todo de sus famosos problemas con sus mujeres e hijos.Para disgusto de este tipo de gente el orondo divo les dio un corte de mangas cuando en el prólogo el escritor Robert Lindsey (que entrevistó a Brando durante días para trasladar en papel en forma de relato sus palabras) cuenta que Brando aceptó hablar de todos los temas que éste le propusiese excepto de mujeres e hijos (que aparecen casi de pasada en algún que otro pasaje).Para alegría de los aficionados al cine, Brando tuvo a bien contar sus experiencias en los platós, aunque Lindsey nos confía que el actor era reacio a esta idea (“las películas, decía una y otra vez, eran el aspecto menos importante de su vida”).
¿Por qué Brando tuvo a bien contar sus vivencias? Él mismo aclara que hace estas memorias por
dinero (no cuenta que en esa época estaba arruinado después de pagar abogados a su hijo Christian, que había asesinado al novio de su hermana Cheyenne) y que gracias a las ventas del libro otros autores podrán publicar sus libros en la editorial.Pero no se preocupen, que Las Canciones que mi Madre me Enseñó es un libro jugoso en anécdotas y que permite conocer mejor al actor más grande de la historia.Que comienza con una infancia muy triste en Omaha, Nebraska, con un padre violento y alcohólico que hacía la vida imposible a su madre, también alcohólica, y hermanas.De ahí pasamos a su estancia en una academia militar donde sentía un gran desprecio por la autoridad y armaría de las suyas enterrando la campana que servía para despertar a los cadetes.Allí será donde leería por primera vez sobre Tahití.Para ganarse la vida, pensó que podría ser actor y a tal fin fue al famoso Actor’s Studio neoyorkino donde fue formado por Stella Adler, la cual es recordada con grandes palabras por parte de Brando, no así Lee Strasberg, que le merecía poco respeto.Tras foguearse en unas cuantas obras en Broadway llega el encuentro con Elia Kazan y Tennessee Williams, al que conoció en su casa y le arregló un problema con su lavabo.Y de paso consiguió el papel de Stanley Kowalski en Un Tranvía Llamado Deseo.
El éxito de público y crítica es arrollador y Hollywood (“la Meca de la avaricia, la falsedad, la codicia, la estupidez y el mal gusto, pero si actúas en una película durante tres meses al año puedes hacer lo que te plazca durante el resto del año”) llama a la puerta de Brando, que rueda su primera película, Hombres, a las órdenes de Fred Zinnemann.Elia Kazan lo llama de nuevo para actuar en la adaptación al cine de Tranvía y sobra decir que ahí comienza el “mito Brando”.El bueno de Marlon nos confía que lo positivo de la fama es el dinero, pero aparte de eso tuvo pocas satisfacciones por ser famoso.También nos cuenta sus aventuras sexuales con desconocidas, fanáticas enfermas o famosas como Marilyn Monroe, de la que era buen amigo y afirma que fue de las últimas personas que habló con ella poco antes de su muerte (Brando creyó que fue asesinada, pues la veía animada).Con Vivien Leigh no quiso acostarse por respeto a su marido Laurence Olivier y con Jean Peters (compañera de reparto en Viva Zapata) no pudo burlar las medidas de seguridad que su amante Howard Hughes montó alrededor de ella.

Los éxitos como Salvaje (“creo que no envejeció bien”) o Julio César se suceden hasta llegar a La Ley del Silencio, a la que dedica casi un capítulo entero y rememora cómo fue el rodaje de la famosa conversación en el coche, improvisada por Rod Steiger y Brando.Tras varias nominaciones, por fin gana el Oscar y tras dudar, acepta ir a la gala.Desde entonces, cambió de opinión respecto de los premios y no recogió ningún otro, despreciando a la Acdemia y el tinglado de los Oscars.Tras unos esplendorosos años cincuenta, la taquilla le da la espalda en los 60, empezando por la única película que dirigió (previo ofrecimiento a Stanley Kubrick, Elia Kazan y Sidney Lumet), El Rostro Impenetrable, una de sus cintas favoritas, en cuyo rodaje se lo pasó en grande acostándose con multitud de féminas y de cuyo montaje se desentendió.Sobre Rebelión a Bordo afirma que la mayoría de historias que se dijeron de que por su culpa el presupuesto aumentó y que despidió a Carol Reed son mentira.Al menos el fiasco le permitió descubrir Tahití y, sobre todo, la isla de Tetiaroa, donde alejado a Hollywood encontraría momentos de paz y conseguiría disfrutar por fin de la vida.No es de extrañar que en 1966 se convirtiera en su propietario y que sólo saliera de ella para conseguir dinero actuando en películas de mayor o menor calidad.Como Dos Seductores (“la única en la que me sentía feliz de levantarme para ir a rodar”) o Morituri, donde disfrutó de lo lindo con David Niven y Yul Brynner respectivamente.

Poco disfrutó en cambio de títulos como Candy, La Noche del Día Siguiente y, sobre todo, La Condesa de Hong Kong (sus conflictos con Charlot los conté aquí).Chaplin no fue el único con el que Brando tuvo problemas: Darryl F. Zanuck (“parecía Bugs Bunny; sus dientes aparecían tres segundos antes que su cara”), al que puso a caldo en un restaurante por tratar mal a su hijo; Richard Burton, con el que casi se lía a tortazos en un barco tras unos comentarios racistas en estado etílico sobre los hijos de Brando; Glenn Ford, al que acusa de ególatra o Euzhan Palcy (“una testaruda neófita”), directora de Una Árida Estación Blanca pertenecen a la lista negra de Brando.De haber publicado sus memorias años después, sin duda habría incluido en su lista a Val Kilmer (ya hablaremos de sus divismos de pacotilla en La Isla del Dr. Moreau otro día), Frank Oz (sus peleas en el rodaje de The Score son leyenda) o Tony Kaye, director de American History X que filmó clases de interpretación de Brando que el actor tenía intención de vender por Internet y al que despidió en pleno rodaje por explotar el sufrimiento de una de sus alumnas filmando en primer plano sus lágrimas.
Volviendo al libro, comentar que la buena gente también hace acto de presencia, como la ya mencionada Marilyn, Karl Malden, Duke Wagner (profesor de interpretación en la Academia Militar que dio sus primeras palabras de ánimo a Brando), Louis Calhern (Julio César), Jean Simmons , Michael Winner (director de Los Últimos Juegos Prohibidos) Wally Cox (su amigo más íntimo) o el psiquiatra G.L. Harrington, que le ayudó a superar sus traumas con su padre.Como en el caso anterior de “detestados”, si hubiera narrado sus vivencias años después habría incluido en su lista de amigos a Johnny Depp, Sean Penn (fue invitado estrella en su boda con Robin Wright) o Michael Jackson.También dedica buenas palabras para Elia Kazan, del que afirma que siempre estará en deuda con él pese a hacer lo que hizo en la Caza de Brujas.Con Gillo Pontecorvo mantuvo un tira y afloja durante el rodaje de Queimada en Cartagena, Colombia, en condiciones infrahumanas, pero afirma que fue su mejor director junto con Kazan y Bertolucci.De esta película también afirma que realizó su mejor interpretación.

A principios de los 70 recibe el manuscrito de Mario Puzo que atendía por título El Padrino, con la esperanza de que acepte el papel de Vito Corleone.En un principio no se muestra interesado pero la idea de interpretar a un jefe de la mafia le atrae.Se maquilló, se metió kleenex en la boca y convenció a los reticentes ejecutivos de Paramount.El resto es historia del cine y gana su segundo Oscar.Lo que ocurrió en la ceremonia ya es sobradamente conocido y dudo que en estos tiempos que corren se atreva otro actor a hacer el corte de mangas de Brando a la Academia.Cómo no, los indios y otras minorías tienen espacio de sobra en el libro con Brando participando en manifestaciones y juntándose con personajes como J.F.K (ambos se lanzaban pullitas sobre sus kilitos de más), Martin Luther King, Indhira Gandhi o el escritor James Baldwin.

Tras el triunfo de El Padrino llega El último Tango en París, que da pie a la hilarante anécdota de cómo en una escena de desnudo frontal, el pene de Brando se encogió hasta tener tamaño de cacahuete y los técnicos tuvieron que esperar horas para ver si volvía a un estado normal, sin éxito.La escena no se utilizó.La experiencia de Bertolucci y Maria Schneider acabó por desgastarle al basar sus diálogos en aspectos de su vida y jura que no volverá a vaciarse emocionalmente para otra película.A partir de ahí usará la famosa táctica de cobrar millonadas por pocos días de trabajo siempre que necesite dinero.Francis Coppola le pide interpretar al Coronel Kurtz en Apocalypse Now.Brando considera espantoso el guión y se va a Filipinas a instalarse en una caseta para reescribir el guión.El resto, y su cabeza rapada al cero, también es historia del cine.También intentaría salvar de la hoguera Cristóbal Colón:El Descubrimiento reescribiendo el personaje de Torquemada y convirtiendo a Colón en poco menos que un asesino de indios, pero el productor Alexander Salkind veta el guión.Brando hará la peor actuación de su carrera, cobrando eso sí cinco millones de dólares por cuatro días hablando entre dientes.
Todo eso y muchas más reflexiones sobre la vida, consejos para actores u opiniones sobre temas político-sociales de todo tipo se pueden encontrar en sus memorias, de las que Brando declara al final del libro que son su “declaración de libertad” y asegurando que a los 70 años se divierte más que nunca.Pocos motivos para la diversión tendría al año siguiente, cuando su hija Cheyenne se suicidó.Depresiones, la venta de su isla, películas horrendas con alguna excepción, visitas a la nevera (“siempre estuvo ahí en mis momentos más difíciles”), estancias en el rancho Neverland y problemas de salud fueron lo habitual en los años sucesivos hasta su muerte en 2004.Sus cenizas, junto con las de Wally Cox, fueron esparcidas por el Valle de la Muerte y por Tahití.
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10 abr 2010 | 07:45 PM
Marlon Brando es un inmenso actor que ya forma parte de la historia del cine, y de la vida de todos los cinéfilos...
Salu2
11 abr 2010 | 01:59 AM
Lo suscribo.