Al principio, da la impresión de que se han equivocado de rollos de película:unos cinco minutos en un lugar de acogida para vagabundos, yonkis, borrachos y, en resumidas cuentas, "la escoria que algún día la lluvia borrará" que diría Travis Bickle, bastan para crear incomodidad al espectador y para avisar que esto no es la típica chorradilla románticona para multicines o sobremesas de Antena 3.Durante cerca de dos horas vamos a estar en la pobreza más absoluta con tres personas que han hecho de un Pont Neuf en obras su nuevo "hogar".En el circo de tres pistas por el que gira la cinta tenemos en primer lugar a Alex (Denis Lavant, álter ego nada disimulado de Léos Carax e indefectiblemente unido al cineasta por los siglos de los siglos, amén), profesional consumado del sobrevivir día a día en París, tragafuegos callejero y adicto a una droga para dormir; Hans (Klaus-Michael Grüber), ex-vigilante, poseedor de casi todas las llaves de los edificios importantes de la ciudad, quizás necesitado de eso que llaman "amor" y habitualmente borrachuzo y malhumorado; y Michéle (la Binoche, musa y pareja de Carax durante 5 años hasta el final del rodaje de la cinta), pintora que se encuentra con Alex en el lugar de acogida antes mencionado y que se presenta en el puente con un esparadrapo sobre uno de sus ojos sufriendo una progresiva ceguera que la dejará completamente ciega en cuestión de tiempo.En plenas celebraciones de la fiesta nacional francesa el amor surge entre Alex y Michéle con los riesgos que un sentimiento posesivo conlleva.Y con fuegos artificiales.
Con los ojos puestos en dos cumbres como L' Átalante de Jean Vigo y Luces de la Ciudad de Chaplin, a Carax
no le preocupa demasiado el querer hacer su historia de amor por los cánones tradicionales.Para él, hay que ir a saco y a lo grande.Y como buen ejemplo, ahí tienen las dos secuencias enlazadas que justifican por sí solas la visión de la película:Alex y Michéle expresando su pasión mediante sus cuerpos al ritmo de Public Enemy, Iggy Pop o el Danubio Azul de Strauss mientras un aluvión de fuegos artificiales (algunos de ellos pasando peligrosamente cerca de los actores) estallan en los cielos de París con la cámara uniéndose a la desenfrenada fiesta para, acto seguido, robar una lancha de la policía al más puro estilo slapstick para que Michéle pueda practicar esquí acuático por el Sena.A partir de ahí Carax sabe que ya no se puede escalar más arriba y llega el momento de los instantes más poéticos como el monólogo de Hans a Michéle siendo escuchado furtivamente por Alex, la visita al Louvre de Michéle cortesía de Hans (y atención al momento tierno que la concluye), la escapada playera de Alex y Michéle para alegría del falo del primero (literalmente) o Michéle contemplando a ras de suelo una discoteca con los pies de los bailarines al ritmo del Time Wiil Crawl de David Bowie (tercer y último homenaje al Duque Blanco en la filmografía de Carax).No todos son "momentos placenteros" dentro de la situación de los amantes:habrá hostias, brutalidad policial, disparos, explosiones, hombres en llamas, endrogados, raterismo, surrealismo, conciertos de violonchelo anulados a la fuerza y cadáveres.Todo eso no necesariamente por ese orden.Todo eso para que Carax exprese su última carta de amor a una Juliette Binoche que se ganó el cielo por ésta película principalmente.Todo eso para que James Cameron plagiase un plano para su Titanic con los mismos movimientos de cámara y se llevase la gloria.
Aunque me encante contar historias sobre cómo de mal fueron los rodajes de algunas de las películas reseñadas aquí, me limitaré esta vez a emplazarles a que visiten la wikipedia o google o, mejor aún, a que vean el documental Enquête sur un film au-dessus de tout soupçon que está en el DVD editado por Avalon para FNAC.Comprenderán entonces por qué una historia tan simple acabó siendo la ruina para Léos Carax y por qué, desde 1991, sólo ha dirigido un corto encaminado a buscar financiación para Pola X, que es su última película hasta la fecha y el segmento Merde para el film colectivo Tokyo!, amén de componer la letra del Quel'qun m'a Dite de la actual Primera Dama francesa, algún videoclip y algunos cortillos que otros.Al igual que Coppola, Herzog o Cimino (curiosa coincidencia:el uso del Danubio Azul tanto en esta cinta como en La Puerta del Cielo), cuando las cosas se pusieron chungas en sus rodajes, decidió apretar aún más a fondo el acelerador.El alemán sobrevivió a todos los desastres.Carax y los otros se estrellaron con la incomprensión del público.Pero al menos los amantes...

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