Que a Walter Hill le fascinan por igual el Sur profundo, sus paisajes, el material con el que se forjan sus leyendas y la mitología de USA es algo que ha quedado claro con echar un vistazo a su filmografía en general y a sus westerns en particular.Uniéndo todo eso a su afición por la música y su amistad con bluesmen tan reconocidos como Ry Cooder, era lógico que abordase su primera película netamente musical (Calles de Fuego aparte).Seguro que en alguna conversación con Cooder surgió el tema del mayor mito del blues y fuente inagotable de especulaciones y leyendas urbanas:Robert Johnson, el bluesero que supuestamente hizo un pacto con el Diablo para ser un grande del blues...para luego morir misteriosamente cobrando así Lucifer.Cogiendo un guión trillado del género "joven aprendiz y viejo maestro que le impartirá una serie de lecciones sobre la vida por el camino que les llevará a un desenlace catártico" y con la participación fundamental de Cooder en la recomendable B.S.O., Hill sacó todo el jugo posible a la pareja Ralph Macchio (habitual del género anteriormente descrito)-Joe Seneca y los embarcó en un viaje iniciático por el Sur donde la química de ambos actores es lo que hace funcionar a Crossroads como buddy movie en la que en vez de armas los personajes utilizan la música para lograr sus fines o para tener enfrentamientos épicos.Añádase a estos ingredientes a una joven fugitiva (Jami Gertz) tan dura como el resto de personajes femeninos que pueblan la filmografía de Hill y tenemos entre manos una joya semiolvidada que pinchó en taquilla.Y de propina final, un duelo por el alma de Willie "Blind Dog" Brown (Seneca) con Satanás de espectador de lujo entre Macchio y un Steve Vai como representante del averno que deja en pañales al famoso Duelin' Banjos de Deliverance y que resulta más apasionante que cualquier escena de acción de las que puedan ver ahora mismo en pantalla.