Black or white. Or both.
En su enésima mirada a las relaciones raciales y cómo afectan éstas a un crisol de personajes, da la impresión de que a medida que Spike Lee iba escribiendo el guión iba interesándose menos por la pareja formada por Flipper Purify (un Wesley Snipes correcto aunque quizás no la elección ideal para el papel; Larry Fishburne debía estar ocupado con Boyz n’ The Hood) y Angie Tucci (una estupenda Annabella Sciorra) y sí mucho más en sus “alrededores”. Vean a ese John Turturro que, en un papel alejado del de Haz lo que Debas, encarna a ese Paulie cornudo, tímido y apocado encargado de la tienda de papá Anthony Quinn que tiene que aguantar a los hermanos bullys de Angie y sus amigotes mientras se enamora en secreto de una cliente habitual negra…sin que caiga preso de la “Jungle Fever” que afecta a quienes se enamoran de personas de otra raza básicamente por los mitos que éstos se construyen sobre ella. O la subtrama de los padres ultrarreligiosos de Flipper (Ossie Davis y Ruby Dee) y su hermano descarriado y yonki (un Samuel L. Jackson recién salido de un centro de desintoxicación en la vida real), parábola nineties del hijo pródigo de irremediable final trágico que nos permitió gozar de lo mejor de la cinta: una actuación impresionante de un Jackson que conoció el papel como la palma de su mano y que borda a ese Gator siempre al quite para pedir dinero con la promesa de “curarse”, poner ojos de loco o marcarse bailecitos para sus familiares. Ojo a una primeriza Halle Berry como desaseada novia de Gator.
Lee reservó sus energías para dos momentos en concreto: Una conversación entre una despechada esposa de Flipper (Lonette McKee) y sus amigas reflexionando sobre cuestiones de raza y que es mejor escuchar (como todo el cine de Lee) en versión original y el viaje de Flipper hacia el fumadero de crack donde se encuentra Gator teniendo que atravesar los sitios menos recomendables de Harlem al ritmo del “Living for the City” de Stevie Wonder, que proporciona una banda sonora excelente que servidor recomienda casi más que la propia película. El resto se sigue con mayor o menor interés dependiendo si uno está interesado en el cine de Lee o los temas que trata mientras juega en reconocer a los policías de Haz lo que Debas dando el susto de su vida a Flipper. Todo esto para culminar en un grito de desesperanza. Literalmente.
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